El tipi vecino del Monasterio

Coordenadas 47°07′40″N 8°44′35″E

La famosa ruta de peregrinación jacobea cruza Europa y pasa por la ciudad de Eisiedeln en Suiza.  Es por esto que durante la Edad Media, esta ciudad se convirtió en el primer lugar de encuentro para los peregrinos en camino a Santiago de Compostela. 

Esta radiante ciudad en el corazón de Suiza es también conocida como la más importante entre los peregrinos que adoran a la Virgen María. Los viajeros llegan a la ciudad con la intención de venerar a la Madona Negra que reside en el Monasterio Benedictino de Einsiedeln; una construcción barroca que data del siglo XVIII. 

LA MADONA NEGRA

Nosotros aprovechamos la celebración del cuarto domingo de Adviento para conocer la ciudad y a su residente más famosa, la Madona Negra.

Cuentan que originalmente la famosa escultura de la Madona era de tez blanca. Sin embargo, con el polvo y el hollín, de las miles de velas que los peregrinos le prendían, se puso negra.  Cuando la enviaron a renovar, el artista la transformó nuevamente a su estado natural, lo que no fue bien recibido por los fieles; quienes se quejaron de que ‘les habían cambiado a su Madona’.  Es entonces que se decide pintar la escultura de negra para respetar los deseos de sus fieles seguidores. 

Pero aunque los peregrinos han impactado su desarrollo (hasta la especialidad de la panadería más antigua en Suiza, Goldapfel, son los ‘bizcochos para peregrinos’), Einsieldeln está localizada en medio de un paisaje que le roba el aliento a cualquiera entre el lago Sihl y las montañas Mythen, por lo que también es atractiva para aquellos que buscan acercarse a su naturaleza.  En invierno, por ejemplo, es un paraíso para los que disfrutan esquiar o practicar el deporte de origen nórdico Langlauf; donde se utilizan esquís para deslizarse sobre nieve en rutas horizontales especialmente diseñadas de estilo campo traviesa.

Aprovechamos el sol de invierno para dar una corta caminata por parte de la ruta jacobea que nos llevó desde el Monasterio Benedictino hasta el Kloster Au; la residencia de las monjas benedictinas del área. En el camino encontramos, además de múltiples esculturas con mensajes que invitan a la reflexión, un pequeño restaurante que nos capturó.

Casa de Huéspedes Meinradesberg

Escondido en una esquina y alejado de la variedad de tiendas y restaurantes frente al Monasterio, descubrimos el restaurante de la Casa de Huéspedes Meinradesberg. Descrito por sus propietarios como taberna, el mesón sirve un menú que cambia según la estación. Nosotros pudimos degustar el fondue, el plato nacional de Suiza: queso derretido servido en una cacerola comunal sobre un plato caliente, que se come llevando pan al queso con unos tenedores largos especiales. El glühwein, vino caliente y cocinado con especias, era también parte del repertorio. Así como el pflümli, que es café servido con licor de ciruelas u otros destilados. El helado y los postres hechos en casa se incluyen además en el menú.  Lo que nos cautivó, además del interior acogedor, fue el gran tipi colocado frente a la puerta, que ocupa casi la totalidad del patio frontal. 

Primero pensamos que era un área de juegos para niños, pero al entrar lo encontramos preparado con mesas, frisas y un fuego encendido. El lugar estaba listo para servir las especialidades de invierno, que le calientan el alma a cualquiera.